Tengo una caja de la firma Pandora, la abriré aquí algunas noches a algunas horas
jueves, diciembre 27, 2007
Entre rastrojos
Tengo el corazón en remojo a ver si salen las manchas de vino tinto con el que pinto las ganas de volver a mirarte de reojo.
Tengo el corazón en remojo a ver si ablando la escarcha que dejó caer tu espalda cuando me incluiste entre los rastrojos.
Tengo el corazón en remojo a ver si te aflojo el cerrojo, pero siempre se sacude para secarse como los perros que acuden al reflejo de cristales en el suelo de mis desvelos.
Siento actualizar tan poco, han pasado muchas cosas, ultimamente ando trabajando en que esto no sea solo leído, también escuchado en forma de música. Espero no tardar mucho en colgar algo.
"Ninguna mujer tiene dueño", musita Dante, en un sueño de noche de verano, fumando en el porche, bebiendo cerveza, con un nudo de "merca" en la cabeza.
Si ocho Coronitas y dos gramos de farla no es bastante para aclarar la parla, se saca la cajita del Mago de Oz y pasa al típico whisky que quiebra la voz.
No es el tópico utópico de filosofía de bar, barra, taburete, farra y abrazar el retrete, es más bien la teoría del que solo destruyendose construía rios de fantasía sobre el mar.
Y quemar banderas en el apogeo del babeo mental, y llenar de caderas la entrada al vacio existencial, que echa de menos las praderas, y de más las aceras.
En esta segunda crónica improvisada, alcohólica, sobre un papel por desvirgar, voy buscando la retórica de una mirada con el sudor que brota del soñar.
Y estos celos vuelven a perder la esperanza cobrando por volar un sueldo que no alcanza para dormir de dia, bebiendo en copas vacias, y volver a frecuentar un reloj que no avanza.
Y es que estaba lloviendo, o está, ya no lo se, con los auriculares no me entero del silencio de esos "peros" que siguen mordiendo los puntos suspensivos que llevan por teloneros.
365 veces al año a corazón abierto me despierto, extraño, con la sensación de conocerte con solo volver a verte, y no poder sacarte de la habitación.
Con el residuo que nos trae cada noche el averno que calzamos con cordones de acero, ya no podemos sernos sinceros, ni vernos sin volvernos asiduos del bar "El reproche".Para sacarles el cemento que nos moja, colguemos los argumentos a secar al viento, que no deja destensar esta cuerda floja.
Ya se caminar apoyando nuestra pata coja, y solo tengo letras para no mirar atras, para sacar la errata que arruga esta hoja.
La superficie de la tierra encierra todo cuanto cabe entre las manos del hombre, mientras tanto bajo la cumbre que pisamos existen reglas básicas que no controlamos.
No somos los amos, y aunque lo sabemos, no queremos ver que vivimos de un alquiler, y que cada día engordamos el peso de la fianza que nivela la balanza de nuestra existencia.
No es la ciencia si no nuestra conciencia la que nos dice que aquí ya no nos quieren, que sobramos, mientras las especies se suicidan para quitarnos el tiempo que nos reste de vida.
Tantas cosas no mueren tanto por nosotros, sino para sepultarnos bajo los escombros de la ruina que llevamos sobre los hombros.
No estamos desertizando, nos están echando. Y cuando no quedemos ninguno, todo seguirá como si nunca hubieramos estado.
Soy libre, completamente, terminé todo lo que me mantenía encerrado, ahora estaré por aquí a menudo.
Abro la puerta ebrio como se abren los labios del destino para informarme de que aun vivo, y al entrar me tambaleo agarrado a lo que veo por lo evidente de que además de ciego, demente.
Subo las escaleras como se escalan las aceras por sufrir las fracturas de beber para contener el dique que guarda a oscuras un corazón que se va a pique sin saber lo que es querer.
Sin buscar causas me sostienen consecuencias, sin buscar ciencias me desviven mis vivencias, sin buscar musas, tampoco me quejo si me usas. Destapo una cama, vestida de sabanas planas como mi electrocardiograma de cada mañana que me encuentro sentado en el epicentro perdido de algún seísmo que creció sin nido.
Me tumbo desnudo con cara de quien quiso y no pudo, y me derrumbo pensando que cada vez que ando de cada tres pasos dos siempre son despues el ocaso, y el tercer tropezando entre los baches del amanecer.
Sin buscar causas me sostienen consecuencias, sin buscar ciencias me desviven mis vivencias, sin buscar musas, tampoco me quejo si me usas.
Os presento un video de la futura madre de mis niños, aunque ella aun no lo sabe. La imagen del texto, por si a alguien le quedaba alguna duda a estas alturas de quien es el autor, me la han "emprestado" el gran Jerjes y sus gnomos. Gracias tio, te debo una. Por cierto, en nueve días seré libre.
Si buscas explicaciones a mi gesto indiferente deja que te cuente que se debe... a esos tacones, a esas miradas distraidas mientras bebes, a esos mechones desordenados en tu frente, a esos dientes cuando te muerden el labio, a esas caderas abriendose paso entre la gente, a esas maneras de hacer que me sienta un sabio, a esas manos cuando rodean a este demente, a esos dedos cuando recorren mi extrarradio, a esas ideas de bruja teniendo escasos veinte.
Desde el atril que mantiene en pie mis sueños aun no parece que haya llegado Abril, el tallo todavía es demasiado pequeño y el cielo se esta volviendo añil. En el atril que alquilé con el sudor de mi tiempo aun no decrece la sombra de Enero.
Tengo una grieta en la fachada, un valor sin escarmiento y cuatro hojas que buscar.
Tengo una lengua mal hablada, un cojín de mal asiento y un trébol que disfrazar.
Tengo un ensayo de azar, un tercer tendón de aquiles y un cajón por ordenar, un calendario sin abriles, una tara que enseñar y una llave para cerrar el diario de tardes sin lienzo ni pincel, de mañanas buscando en lorenzo asomado al balcón de babel.
Tengo la ambición sobornada, nunca se de que hablar cuando no tengo nada... que decir... que no sea una vuelta de tuerca más... al teatro que vestimos... sin saber improvisar.
Recuerdo cuando el sábado por la tarde era el mejor momento de la semana, no había que esperar hasta media tarde para salir a la calle, no había que aguantar en casa hasta que pasara la hora de la siesta para echar un partido, o para construirse un fuerte con las cajas de cartón que dejaban tiradas los tenderos del rastro de la mañana. A veces, si encontrabas entre los cartones una caja de madera y alguna red de fruta hacíamos una trampa para ratones con un palo atado a una cuerda, el cebo era el trozo de mortadela del bocata del que perdía a “pares y nones”; creo que nunca pillamos uno, pero eso era lo de menos; a los cinco minutos se te olvidaba porque a alguno se le ocurría correr al quiosco a comprar unos caramelos que habían traído nuevos que te saltaban las lagrimas de lo que picaban, comprábamos todos los que podíamos con los duros que reuniéramos y apostábamos a ver quien era capaz de comérselos todos de una vez. En aquella época el mayor logro era que el vecino te dejara su bici nueva, que tenía 18 cambios que duraban 5 minutos si no los tensabas a diario, echarte una carrera contra el mejor del barrio y ganarle; o tener valor para tirarte con el monopatín por la calle más empinada sin frenar; eras el rey del mundo, con un brazo roto, pero el rey. Más allá de los límites del barrio no había nada más que el colegio y casa de los primos, no necesitabas nada más, aquel era tu feudo, tu universo, y eras más feliz en él de lo que lo serás el resto de tu vida.
...
Tengo por costumbre no separarme de la herrumbre que cubre las esquinas en las que fui vencido, clavarle las uñas al latido de hadas anodinas de las que avivan la lumbre del vivir mezquino.
Tengo por costumbre negociar tratos de favor con el sabor de sabanas sudadas a media tarde, llamarle cobarde al que vendió su valor por un escudo roto menos pronto que tarde. Tengo por costumbre automutilarme buscando la llave que abre esta caja de pandora, subirle la falda al aroma que desprende el ave que solo aflora a tales deshoras.
Tengo por cumbre llegar a ser el más bajo de los escarabajos que arrastran sus errores, abonar las flores del fracaso a este paso de liebre que no sabe de tortugas mejores.
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Esto me recuerda a un tiempo que no he vivido y que no me gustaría volver a vivir:
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Hago lo que puedo, se está acercando la fecha y cada vez tengo menos tiempo para dedicarle a esto, prometo actualizar siempre que pueda hasta que pase la fecha y vuelva todo a la normalidad.
Esa tendencia de las palabras a terminar hablando sobre tí mina la paciencia de esta conciencia macabra.
Esa ciencia que guarda la constancia de mis excesos se basa en el traspies de este saco de huesos.
Esa cortina de sonrisas que fracasa con estilo descortés, no llega a cubrir la piel de gallina que deja el nacer deprisa, el morir en vilo, por separase de un suelo en el que demasiado nada pasa.
Un tarde de esta semana andaba estudiando en la biblioteca, o al menos lo intentaba, pero me bailaban las letras, se movían, no podía controlarlas, revoloteaban por el papel sin control aparente, aparente tan solo, porque tras dos segundos y medio de coreografía se ordenaron ellas solitas dibujando una figura, era una flecha, solo tenía que seguirla. En el momento que mi mirada abandonó el papel, en la dirección indicada, y volvio a las tres dimensiones...
La distracción de esa mirada que gastas, consabida, trae vida a este yugo afilado, sentidos secuestrados por esa imagen casta, estudiada, detenida en mis nervios dilatados.
Maldita reina del deseo, enemiga de morfeo, me cambias los sueños por desvelos, custodias los celos jugando con tu pelo, te ries desde el cielo mientras yo flaqueo.
Miserables razones para demasiadas desazones que calzar entre mis talones de aquiles, no hace falta que hables, ya lo hacen tus tacones.
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Aquí un montaje de la señorita Malevolia donde aparece ella y un servidor, ha sido una revelación comprobar lo que hace una cara bonita, Male, y un buen tema, por un video, parece hasta un videoclip. Y por aquí dejo los enlaces a los textos del video, el de Él, y el de Ella, y de camino veis el blog antiguo.
Enfrentarse a una hoja en blanco es lo mismo que contar los granos de arena de la orilla de una piscina, no hay nada más desagradecido que un bordillo, pero si rascas, con tus propias uñas, y sigues rascando y rascando hasta que te sangren los dedos, y continuas rascando y rascando, hasta terminar sin yemas, y sabiendo todavía que nunca conseguirás lo que ansías, continuas rascando y rascando, encontraras arena, aunque realmente no sea arena, sino los huesos de tus propias manos hechos añicos, para ti será la arena más bella que nunca hayas visto, porque salió de ti, de tu empeño, de tu dolor, de tu sangre.
Enfrentarse a un papel en blanco es como tratar de atravesar un muro de hormigón a codazos, al final será el papel el que te atraviese a ti.
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La morena en vena de las mentiras, que enciende velas con las colillas que yo remiendo, cuando ella tira de las esquinas de este colchón.
Mil pesadillas entre las costillas, que me desllueven esta sequía, que me descuerdan el corazón.
Cuando despierte en las tardes de mañana, soñaré las mañanas de este ayer, soltaré las riendas de la solana que me desvela el sueño al atardecer.
Cuando despierte en las tardes de mañana, me sentaré a la orilla de mis metas, me saldré del camino por la mediana donde no tienen hilo las marionetas.
Cuando despierte en las tardes de mañana, compraré duros por cuatro profetas, cambiaré pesetas con perdón de aduanas de las que no juzgan el color de las maletas.
...
Esto puede ser lo último que escriba en algún tiempo, hoy ha empezado la cuenta atras para el momento por el que llevo preparandome tanto tiempo, mañana empieza el sprint final, puede durar algunos meses, no se con certeza cuantos, lo único que se es que no voy a tener tiempo para nada más que para estudiar y entrenar hasta que termine todo, tengo que conseguirlo y la única manera es esa. Hasta entonces, daré un paseo por aquí siempre que pueda, no me olvidaré de vosotros, más que nada porque no puedo, si no escribierais tan bien cabrones... Comentaré siempre que pueda pero no creo que pueda actualizar.
Hasta pronto.
Que no me entere yo que no haceis algo de lo que dice este tema.
Las arrugas de tu piel son tatuajes en la almohada, empapada de sueños rotos, donde duermen mis desvelos.
Las esquinas de tus fotos son las fronteras del cielo, límites de una cabeza abollada, donde se amotinan mis rarezas.
Los aromas de tu ausencia son caminos de ida y vuelta, pensar en circulos viciosos, viciando un aire sin sentido.
"Más vale que empieces a despreciar tu propia sumisión enfermiza, porque estás solo. Solo contra tu líbido herida, el banco y el enterrador, para siempre, y no sería una suerte si pudieras escapar vivo de tu propia vida." Bob Dylan - Llamando a las puertas del cielo