lunes, febrero 05, 2007

Sabados por la tarde

Recuerdo cuando el sábado por la tarde era el mejor momento de la semana, no había que esperar hasta media tarde para salir a la calle, no había que aguantar en casa hasta que pasara la hora de la siesta para echar un partido, o para construirse un fuerte con las cajas de cartón que dejaban tiradas los tenderos del rastro de la mañana. A veces, si encontrabas entre los cartones una caja de madera y alguna red de fruta hacíamos una trampa para ratones con un palo atado a una cuerda, el cebo era el trozo de mortadela del bocata del que perdía a “pares y nones”; creo que nunca pillamos uno, pero eso era lo de menos; a los cinco minutos se te olvidaba porque a alguno se le ocurría correr al quiosco a comprar unos caramelos que habían traído nuevos que te saltaban las lagrimas de lo que picaban, comprábamos todos los que podíamos con los duros que reuniéramos y apostábamos a ver quien era capaz de comérselos todos de una vez. En aquella época el mayor logro era que el vecino te dejara su bici nueva, que tenía 18 cambios que duraban 5 minutos si no los tensabas a diario, echarte una carrera contra el mejor del barrio y ganarle; o tener valor para tirarte con el monopatín por la calle más empinada sin frenar; eras el rey del mundo, con un brazo roto, pero el rey. Más allá de los límites del barrio no había nada más que el colegio y casa de los primos, no necesitabas nada más, aquel era tu feudo, tu universo, y eras más feliz en él de lo que lo serás el resto de tu vida.


...

Tengo por costumbre no separarme de la herrumbre
que cubre las esquinas en las que fui vencido,
clavarle las uñas al latido de hadas anodinas
de las que avivan la lumbre del vivir mezquino.

Tengo por costumbre negociar tratos de favor
con el sabor de sabanas sudadas a media tarde,
llamarle cobarde al que vendió su valor
por un escudo roto menos pronto que tarde.
Tengo por costumbre automutilarme buscando
la llave que abre esta caja de pandora,
subirle la falda al aroma que desprende
el ave que solo aflora a tales deshoras.

Tengo por cumbre llegar a ser el más bajo
de los escarabajos que arrastran sus errores,
abonar las flores del fracaso a este paso
de liebre que no sabe de tortugas mejores.

...

Esto me recuerda a un tiempo que no he vivido y que no me gustaría volver a vivir:

...

Hago lo que puedo, se está acercando la fecha y cada vez tengo menos tiempo para dedicarle a esto, prometo actualizar siempre que pueda hasta que pase la fecha y vuelva todo a la normalidad.

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miércoles, enero 17, 2007

Cada vez más cerca, cada vez más lejos

Joder, está mirando otra vez, no se como lo hace pero no puedo moverme, no puedo apartar los ojos, ¿por qué siempre aparta la mirada antes que yo?, debe ser una habilidad innata, no puede ser, va a pensar que soy un enfermo que no deja de mirarla, cuando ni siquiera quiero levantar la cabeza de los apuntes por miedo a descubrir como se ríe de mí con la amiga, pero no puedo evitarlo, no puedo evitar volver a mirarla.

Otra vez, está sonriendo, no puede ser, no me puede estar sonriendo a mí, sigue sonriendo mientras se gira sin dejar de mirar y le dice algo a la amiga al oído; mierda, ya está, ya hay cachondeo con “el de la mesa en enfrente que no deja de mirar”, “el salido” me estarán llamando o algo así, normal, si es lo que debo parecer, “mira ese, que no para de mirar, a saber lo que estará pensando, para eso que no venga a la biblioteca, aquí se viene a estudiar”; pero no, ella no sabe que no puedo pensar nada, ni bueno ni malo, por su culpa, porque cada vez que me mira, todo mi organismo queda en “stand by”, y cada vez que deja de mirar todo mi organismo grita “¡joder, ha vuelto a mirar!” hasta que lo vuelve a hacer.

No puedo seguir así, no puedo estudiar, tampoco me puedo ir, su mirada ha soldado la puerta de salida a su propio marco, me tiene preso dentro de una burbuja de metacrilato verde, como sus ojos; me tiraría por la ventana ahora mismo, seguro que me saldrían alas, la naturaleza me dotaría de alas para escapar volando, pero para eso tengo que salir de esta biblioteca, aquí no hay naturaleza, aquí la que manda es ella.

Vuelve a mirar, vuelve a sonreír, pero esta vez no se gira, no se ríe, solo sonríe, me sonríe, a mí; de repente se abre un agujero debajo de mi mesa, negro, enorme, tengo vértigo, los pies colgando, la pata de la silla a punto de resbalar dentro, tengo que levantarme, tengo que decirle algo si no quiero caer en el agujero sin fondo donde habita el arrepentimiento, tengo que hacerlo, no se cómo, pero tengo que hacerlo.

Casi no puedo andar, cada célula de mi cuerpo tiembla al compás de las palabras que mi cabeza no para de repetir una y otra vez, “¿qué coño le digo?”; cada vez más cerca, cada vez más lejos de mi silla, de mi burbuja, allí al menos estaba seguro; levanta la vista, me ve, ve que me acerco y abre más los ojos, lo está haciendo ella, cuanto más abre los ojos más me atrae ese imán que contienen, ya no hay marcha atrás.

Ya estoy delante, me ha llevado hasta ella a su voluntad y ahora me obliga a agacharme para que mi cabeza quede por debajo de la suya, soy su súbdito, su plebeyo, tengo que decirle algo.

“Ho...hola”... Mierda de imaginación...

(Basado en hechos reales, vamos, que pasaron, pero no como en las pelis, que las basan y luego no tiene nada que ver, no no, aquí eso no pasa, aquí todo es de verdad de la buena, como la del anuncio ese, si hombre ese, pos eso)

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Moja su pluma en tinteros cotidianos
para desnudar las musas secuestradas,
que esconde entre esos sueños paganos
que limpian de bruma su calzada.

Descosiendo blusas con sus letras,
nos enseña trozos de un corazón
deshecho por unos ojos de medusa.
Escribir es vivir es su adicción.

Esto va por Dani y su "Escribir es vivir", compañero, sigue así que llegaras lejos, escribiendo como escribes como solo 16 años, que tiemblen las editoriales...

Y si te ha gustado algo que hayas leido, votameeeee!!!! Al mejor blog de ficción!!!

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sábado, enero 13, 2007

Demasiadas personas

Desperté hace escasamente un par de horas, con la lengua como la cortina de un cuarto de baño, los ojos como dos puñaladas en un tomate, y la cabeza como un bolsillo con manchas de humedad por las goteras. La dificultad que me supone en este momento la reconstrucción de un intervalo temporal dado es proporcional a la confianza que se puede llegar a tener con un trozo de vidrio al que besar. Ayer la noche fue demasiado larga, demasiado estrecha, y sobre todo, con el techo demasiado bajo, no cabía escapatoria, “sigue el camino de baldosas amarillas”, en mi caso, siendo daltónico, puede que sean hasta verdes. Lo encontré todo demasiado encorsetado dentro de conversaciones preestablecidas, preacordadas, preocupantes; ser simpático sin ser cargante para ellas, ser elocuente sin ser un listillo, ser sutilmente descarado, ser original una vez por cada rango de 10 minutos, ser interesante guión tímido; ser demasiadas cosas, ser demasiadas personas, cuando me suele costar ser solo una, cuando no se ni quién soy yo.

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Si te ha gustado lo que has leido votame en 20Blogs a "El mejor blog de ficción" y deja tu huella en la Blogger Fiesta.

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miércoles, enero 10, 2007

Riiiiiiiiiiiing…

Riiiiiiiiiiiing… riiiiiiiiiiiiing… riiiiiiiiiiiiiiiiing…

Serán las cuatro de la mañana... el teléfono no para de retumbar en la estancia, la oscuridad se alía con el silencio de la noche para hacer más audible la llamada, el sonido atronador se expande como un alud colina abajo mientras recorre cada rincón de la casa y alrededores atravesando piedra, hormigón y madera. No cesa de sonar, pero allí no estoy yo para escucharlo, allí no hay nadie para atender tan urgente llamada.

Sin embargo, aquí lo que suenan son pasos, alguien sube la escalera, alguien que no usa tacones, que raro, si ella siempre los lleva… ¿Qué donde me encuentro yo en este momento? Bueno, la respuesta más concisa sería decir “en la cama donde mi jefa duerme cada noche con su marido”, pero eso sería por completo irrelevante sin antes decir que me encuentro solo en ella, encerrado con la llave echada desde fuera y sin mi jefa, os contaré como he llegado a esta situación.

Debían ser las tres de la tarde de hoy cuando me dio por salir a comer fuera en vez de hacerlo en casa antes de volver al trabajo, a veces hago eso por variar un poco la rutina algún día entre semana, y de camino conozco un sitio nuevo al que invitar a cenar a alguna becaria nueva que me entre por el ojo. Hacía un par de semanas habían abierto un restaurante oriental a dos calles de la oficina, de estos en los que la comida la hace un diestro malabarista en una gran plancha delante de tus narices, podría ser interesante. Entré en el local y rápidamente me dieron asiento junto a una de aquellas planchas, si, junto a una de aquellas planchas y cuando me vine a dar cuenta, junto a mi jefa, mi imponente jefa, mujer de negocios, con treintaitantos años esculpidos a base de gimnasio, y con una cara de la mala de la telenovela que no se si da miedo o quita el hipo. Esa mujer me imponía, tanto que inspiraba un sentimiento contradictorio en mi cuerpo, por un lado, siempre que la tenia cerca me ponía a temblar como un flan, y por otro, no podía evitar que mi cabeza se desbocara imaginando mil fantasías de las que ella era la protagonista.

Durante la comida traté de comportarme con naturalidad, como si no estuviera a punto de salir volando de la silla por la tensión que albergaban mis cuadriceps, mantuvimos una conversación bastante fluida, si exceptuamos mis tartajeos esporádicos, y trivial sobre el trabajo, nada, lo típico que se habla con la jefe porque no sabes que le gusta o le disgusta a parte de lo que os une profesionalmente. Llegados a un punto llego el momento del silencio incomodo, agotamos las reservas de conversación banal y quedamos los dos callados, las únicas que hablaban eran mi cabeza y mi entrepierna, la primera no paraba de gritarme al oído derecho “Que coño hago yo ahora por dios!! De que le hablo a esta tía!!” y la segunda no paraba de decirme al izquierdo “Dile a la cabeza que a ver si espabila de una puta vez y le tira los trastos a esta tía, que esta buenísima”. En ese debate interno me encontraba sumido cuando fue ella la que se giró y me propuso ir a su casa esa misma noche al salir de la oficina, a terminar de redactar unos expedientes atrasados, “mi marido esta de viaje y no vuelve hasta mañana, así estaremos más tranquilos”… Tranquilos!!!??? Lo estaría ella, porque a mi me faltaba echar fuego por el culo para salir propulsado de allí, joder joder, me estaba proponiendo ir a su casa, “La Jefa”, mi entrepierna se volvió loca, perdió el control y tuve que arrimarme un poco más a la mesa para disimular, mientras tanto, la cabeza consiguió serenarse lo justo para pronunciar “de acuerdo”.

La tarde en la oficina paso entre los “no me lo creo” de mi cabeza y los paseos al baño a ver si tenía la camisa arrugada o el nudo de la corbata flojo, de ningún modo quería que pasara por delante mía y recapacitara sobre su proposición al ver a semejante impresentable. Pero no pasó, no la vi en toda la tarde, lo único que supe de ella fue la nota que encontré sobre mi mesa al volver de uno de mis periplos cuarto bañiles, era su letra, su dirección, solo su dirección, ninguna hora a la que estar allí, supuse que nada más salir de la oficina, ella siempre se iba antes, es lo que tiene ser la que manda, así que estaría en casa cuando yo apareciera…

Ya está arriba quien sea, ha abierto la puerta del salón, está habitación está al otro lado del pasillo, esto no me gusta nada…

Continuará…



P.D.: Señores, lo de la fiesta de los 3000 euros no era un farol, la pienso hacer jerjito, sigue y seguirá en pie en el remoto caso de que ganara, así que a votar como descosios!!! Y a continuar la historia de la “Blogger Fiesta”, si sale algo más o menos largo lo uniré todo y lo colgaré, o puede que se convierta en un corto, ¿Qué dices Carlos?...

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sábado, diciembre 30, 2006

Seis y dieciocho de la mañana

Seis y dieciocho de la mañana, llegué hace catorce minutos a mi casa, miento, no llegué yo, me trajeron, entre varios claro, me agarraban de las extremidades. De la mano derecha me traían las ganas que tenía de escribir esto, bueno, no esto en concreto, si no cualquier tontería que se me ocurriera. De la pierna izquierda, con la que me levantaré mañana, me traían las copas de más, esas que fomentan ganas de mirar mientras nublan la capacidad de ver. Del brazo izquierdo me traían cuatro medias naranjas, esas con las que nunca encaje a ser algo entero. Y por último, de la pierna derecha arrastraba el enano que guardo debajo de la almohada, ese que tengo que burlar cada mañana para despegarme de las sabanas. Pero nada arrastra mi cabeza, ella es libre.

Seis y treinta y seis de la mañana, llegué hace treinta y dos minutos a mi casa, y me estoy quedando dormido, el enano no para de tirar de los parpados y de tirarme de la boca para que bostece, “mañana terminarás el post”, dice; y aunque se que mañana cuando me levante y lea esto pensaré que es una mierda, aun así, ahora mismo no me atrevo a borrarlo.

Dos y cincuenta y ocho del mediodía, acabo de encender el ordenador, acabo de encontrarme esto, no lo recordaba; veo que aun bebido conservo algo de lucidez, ya que ya ayer sabía que lo que estaba escribiendo era una mierda. No obstante, como me la suda y tengo ganas de actualizar, aquí lo suelto con una frase que salio sola.


“Los días que me quisiste no son días,
son noches,
son demasiados derroches para tanta afonía,
para tanto reproche de balde carente de teoría que lo respalde.”

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sábado, noviembre 25, 2006

La chispa de la vida

De repente apareció un niño, de unos 7 años a mi parecer; vestía una camiseta blanca de propaganda talla XXL que le llegaba por debajo de las rodillas, “La chispa de la vida” juraba el letrero serigrafiado en lo que, para una persona de metro noventa, sería el pecho, en su caso quedaba por la cintura, y calzaba unas zapatillas de cuadros de andar por casa que debían ser un 43 como poco; nadie se hubiera imaginado así a su dios.

- Estoy haciendo un estudio -dijo el niño mientras miraba distraído al horizonte-, he estado pensando en insertarle una hora más al día, que tuviera veinticinco, pero no estoy seguro, primero me gustaría saber que haríais con ella, no quiero poner a los pobres querubines a remolcar al planeta un poco más lejos del sol, con lo que pesa, para nada; así que estoy preguntando a cada ser humano del mundo, uno por uno, en qué emplearía esa hora extra, y tú eres el último de la lista. Hasta ahora, sorprendentemente, la mitad de los encuestados ha dicho que emplearía la hora en terminar tareas atrasadas que le quedan por resolver en el trabajo, y la otra mitad que la emplearía en buscar un trabajo mejor porque están frustrados con él que tienen. Me parece que no es bueno que todo el mundo ande pensando en él trabajo cuando le regalan tiempo, pero bueno, ya que la mitad al menos la piensa emplear en tratar de mejorar su vida, estoy dispuesto a hacerlo. El caso es que eres último, y tienes que desempatar esto para que pueda tomar una decisión, siento poner esta responsabilidad sobre los hombros de una sola persona, pero no queda otra.

Volvió la cara y me miró a los ojos, un escalofrío recorrió mi cuerpo congelado en el tiempo…

Entonces empecé a escuchar algo, un hilo musical, que venía de ningún sitio, pero cada vez se hacía más audible… una guitarra… esa guitarra… era... “Are you still having fun”… ¿“Are you still having fun”?, era mi sueño, ¿qué hacía sonando Eagle-Eye Cherry en mi sueño?...

La voz del locutor me hizo abrir los ojos, hacía frío, tenía la garganta seca y los ojos pegados, apagué el radio-despertador y volví a taparme hasta la cabeza, ya había decidido para qué quería una hora más.


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No podía estar más tiempo sin escribir alguna chorrada, así que le he robado un rato a los libros y aquí cuelgo lo que ha salido. Soñad despiertos.

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martes, octubre 03, 2006

Demasiado pronto IV - Final

Anteriores: Demasiado pronto I, Demasiado pronto II, Demasiado pronto III

Encendió un cigarrillo, lo apoyo en el alfeizar, vio al cuervo que lo arrancó de la cama posado en la raquítica rama de uno de los árboles de la acera, lo miró a los ojos… Y se vio a sí mismo reflejado en aquellas bóvedas negras, frías, calculadoras, sin fondo, sin alma, como él, sin vida.

Sonó el teléfono, siempre esperaba cinco tonos y a mitad del sexto descolgaba… Pero tras el quinto tono el silencio volvió a invadir el apartamento. No quedaba nadie en su vida que tuviera algo importante que decirle, que aportarle, nadie que se acordara de él, de su nombre… No tenía nombre, lo perdió el día que renunció a vivir, que renunció a ser fiel a sí mismo, que se conformó con el camino fácil, el camino impuesto, el camino marcado; ya no recordaba ese día, hacía mucho del principio del final, un final demasiado largo, demasiado árido, escogido demasiado pronto.

Apagó el cigarrillo, fue al baño y se miro al espejo, la luz del fluorescente recién encendido aun parpadeaba cuando su imagen se le antojó en blanco y negro, sin vida, negra, como el ojo de un cuervo. Se afeitó la barba de tres días, los fines de semana no se afeitaba, no había que ir a la oficina, no había porque estar presentable para nadie más que para si mismo, pero aquel no era un domingo cualquiera. Se cortó el labio con la cuchilla, hacía años que no se cortaba, la rutina no se lo permitía, se confabulaba contra él para que cada mañana fuera un clon de la anterior, sin cortes, sin retrasos, sin manchas, sin imperfecciones; la sangre brotó… Roja… Intensa… Dando color al ojo del cuervo, recordándole que hubo otro tiempo en el que pudo sangrar, sentir dolor, sentir, sin que le sorprendiera. Se peinó cuidando que ninguna cana desarmonizara con el resto.


Volvió al dormitorio, cogió una funda que colgaba del perchero y sacó el traje que contenía, lo había recogido de la tintorería dos días antes a la vuelta de unas compras, estaba perfecto; sacó una camisa nueva de una bolsa a los pies de la cama y se la puso junto con el traje.

Aunque hacía frío y era un traje de verano, él aun tenía calor, desde que se despertó no había dejado de tenerlo, sudaba, se sofocaba.

Fue al salón, sobre la mesa un cenicero atestado de colillas, el periódico del día anterior manchado de café y un vaso con un dedo de whisky que hizo desaparecer por su garganta para espabilarse; abrió el cajón de abajo de la única cajonera de la casa y sacó una bolsa.

Se detuvo un momento a mirar la bolsa sin ver nada, sentía que el contenido le palpitaba entre mas manos, sentía que la vida volvía poco a poco a la yema de sus dedos, esa vida olvidada, esa vida que se arrebató a sí mismo, esa vida que le arrebató a Sarah… Sarah… aun retumbaban en su cabeza aquellas palabras del café… abrió la bolsa y metió la mano en ella… en su memoria se mezclaban fotogramas del día anterior con el sueño, con Sarah… sacó la soga que compró el mismo día que la camisa que acababa de estrenar… recordó que la noche anterior alguien llamó a la puerta… le costó abrir… estaba borracho, como cada noche… era Sarah, venía a devolverle unas cosas que hacía más de un mes que guardaba... hizo pasar la soga sobre la viga de madera que atravesaba el techo del apartamento... hacia más de un mes que no estaban juntos… al verlo en ese estado entró en el apartamento a prepararle un café cargado mientras él esperaba recostado en el sofá… aseguró la cuerda a sí misma… recordaba como ella dejó el café sobre la mesa… acercó una de las sillas donde tan pocas veces se había sentado para comer en casa y se puso de pie sobre ella… su memoria estaba borrosa desde aquel momento, todo era gritos y dolor, las palabras de Sarah en el café aun retumbaban en su cabeza… el nudo estaba preparado, lo ajustó alrededor del cuello… “Estoy muerta”… la silla vaciló un momento hasta que consiguió volcarla… la basura empezaba a oler...

Fin.

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Y de postre...

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martes, septiembre 26, 2006

Demasiado pronto III

Anteriores: Demasiado pronto I, Demasiado pronto II

El chirriar de los frenos del tren deteniéndose ante él le trajo recuerdos de otros tiempos… Del día que terminó la carrera, cuando su pelo aun conservaba el color; del día que termino el periodo como becario y la ilusión que le hizo que le quisieran contratar en la misma oficina en la que, hasta esa misma mañana, llevaba veintiún años fichando todos los días a las ocho, los veintiún años que llevaba tomando esa misma línea de metro a diario… También le vino a la memoria aquella mañana de sábado, a mediados de Marzo, que fue a dejar unos papeles en su despacho, y al volver entró en la cafetería que hacía esquina en la misma calle a pedir cambio para la cabina… De como a partir de aquella mañana iba todos los días a tomar café a la misma cafetería para ver a la camarera… De como tardó dos semanas en atreverse a decirle algo que no fuera "Cortado sin azúcar, por favor"… Del brillo que había en sus ojos cuando la recogió allí mismo por la tarde… De como fueron los días felices con ella… De como el ocaso de esos días trajo el amanecer de los celos… Del brillo que había en sus ojos el primer día que lloró, el primer día que le prohibió salir de casa… Del primer golpe… Del último "te quiero"… Del primer "te odio"… Del último "te odio"… Del último golpe.

El vagón estaba vacío, de personas, lleno, de pintadas las paredes despintadas, de arañazos en los cristales, de asientos rotos; el vagón era él por dentro, vacío, era él por fuera, lleno. El viaje se le antojó corto, aunque a eso estaba acostumbrado, dicen que cuanto más se viaja más pequeño se te hace el mundo… Ese recorrido era su mundo, nunca había viajado más allá de aquella línea de metro, no su cuerpo, y apenas su mente desde que tuvo responsabilidades.

Al salir del metro solo había que cruzar la calle para llegar a la cafetería, el tintineo de la campana que colgaba de la puerta para llamar la atención, no llamó la atención de nadie, no había nadie en el local… Solo ella, sentada al fondo de la sala mirando por la ventana, parecía no haberlo visto, sobre la mesa un café… Cortado sin azúcar, y un cenicero. Se sentó frente a ella sin decir nada, tocó la taza, estaba caliente, encendió un cigarrillo y lo apoyó en el cenicero; ella se giró y se miraron a los ojos, ya no había brillo en ellos, estaban vacíos… Inexpresivos. Permanecieron así un minuto, sin pronunciar una palabra, un reproche, un "te quiero", nada.

Apartó un segundo la mirada para dar una calada al cigarrillo y coger la taza, en ese momento ella abrió la boca y las palabras volaron a cámara lenta hasta su oído. Devolvió la taza a la mesa, el café aun estaba demasiado caliente, volvió a apoyar el cigarrillo en el cenicero, aun no había suficiente ceniza para que cayera por su propio peso, y volvió a mirarla a los ojos. Aun no había escuchado lo que acababa de oír, aun no era consciente cuando sus neuronas vacilaron y la boca quedó entreabierta, no volvió a cerrar los ojos, no volvió a respirar, murió con la cara de quien no da crédito a sus sentidos.


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El graznido de un cuervo retumbó en su cabeza con el eco de la resaca, entreabrió un ojo esperando que la luz lo deslumbrara, pero el día estaba nublado; había sudado aquella fría noche de Octubre, las sabanas se le pegaban a la piel, le dolía la cabeza. Se levantó y fue hasta la ventana, el aire estaba viciado aquella mañana, la gente andaba mirando al suelo con los hombros encogidos bajo el abrigo...

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La tercera parte de la historia, YouTube vuelve a estar caprichoso y no me deja colgar videos, espero actualizar el post en breve con uno. Dentro de poco la cuarta y última parte...

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miércoles, septiembre 20, 2006

Demasiado pronto II

Anterior :Demasiado pronto I
Aun tenía un poco de resaca, sobre la mesa del salón un cenicero atestado de colillas, el periódico del día anterior manchado de café y un vaso con un dedo de whisky que hizo desaparecer por su garganta para espabilarse. No había nada que comer, el frigorífico estaba estropeado y la despensa apenas contenía unas latas de conserva; hacía más de un mes que sobrevivía a base de tabaco, whisky y los menús del chino que había en la esquina… la basura empezaba a oler.

Se puso la camisa y los pantalones del día anterior, olían a tabaco, cogió las llaves y salió sin echarlas. Tras el portazo, el silencio que reinaba en el oscuro pasillo que conducía a la escalera fue corrompido por el llanto de un niño en algún apartamento cercano, al compás de los azotes y consecuentes gritos del supuesto padre… Un mueble fue arrastrado, la madre gritó, el padre golpeó de nuevo, esta vez a ella, y salió como una exhalación del apartamento dejando la puerta entreabierta, en su galopar hacía la escalera se encontraron mirándose a los ojos, un segundo, advirtió un sentimiento de auto-repulsión que le recordó a alguien… A sí mismo; contempló la imagen que quedaba dentro de apartamento, la madre tirada en el suelo bocabajo sangraba por la nariz, sollozaba, mientras su hijo se abrazaba a ella por detrás interponiéndola entre él y el señor que corría escaleras abajo, ya no lloraba, su cara solo albergaba odio.
Salió del edificio y caminó calle abajo en dirección al metro. Los domingos el mundo iba a cámara lenta, los árboles, los toldos, la gente, los perros… Él, todo se movía más despacio que el resto de los días; la ciudad estaba casi desierta y el cielo nublado, gris, era un día perfecto para el juicio final.

Bajó las escaleras de la boca de metro y esperó en el andén, "próximo tren en 5 minuto" decía el luminoso, la "s" no funcionaba. Sintió una presencia a su espalda... Se giró y descubrió a un mendigo disponiéndose a instalarse en el banco que tenía detrás; un banco de piedra, de fría piedra, de dura piedra; pensó él, y se conmovió un momento, el tiempo de mirar a los ojos al mendigo y leer su mirada, esa mirada rezumaba paz, plenitud, ausencia del cruel mundo que lo golpeaba… Se recostó, sacó un cartón del bolso de cuero gastado que llevaba y lo colocó delante de él a modo de cartel, "no pido su dinero ni su caridad, solo pido que me dejen dormir tranquilo"; en ese momento lo entendió, era la mirada de alguien que había vivido, que había cumplido consigo mismo, que no tenía cuentas pendientes, que no pedía para morir sin deber nada, en paz; y el sentimiento de auto-repulsión volvió a aflorar… De pequeño su sueño siempre fue ser detective privado, como los de las películas en blanco y negro que tantas veces veía con su padre, atrapar a los malos, quedarse con la guapa, ser un héroe… Pero fue su padre el que le obligo a estudiar una carrera, a hacerse contable, a labrar un futuro decente sin fantasías de niños, fue su padre… Y su primer verdugo.

Asomaban las luces del tren por el túnel...

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La segunda parte de la historia, y de postre, sonido con sabor andaluz...

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sábado, septiembre 16, 2006

Demasiado pronto I

Devolvió la taza a la mesa, el café aun estaba demasiado caliente; volvió a apoyar el cigarrillo en el cenicero, aun no había suficiente ceniza para que cayera por su propio peso; y volvió a mirarla a los ojos. Aun no había escuchado lo que acababa de oír, aun no era consciente cuando sus neuronas vacilaron y la boca quedó entreabierta, no volvió a cerrar los ojos, no volvió a respirar, murió con la cara de quien no da crédito a sus sentidos.

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El aire estaba viciado aquella mañana, la gente andaba mirando al suelo con los hombros encogidos bajo el abrigo, subordinados a algo que nadie sabe bien qué es, guiados por un control remoto que solo se desactiva de noche, a la hora de soñar. Él estaba asomado a la ventana que daba a la avenida, con un cigarrillo apoyado en el alfeizar, aun en ropa interior y rascándose la barba de tres días. Los fines de semana no se afeitaba, no había que ir a la oficina, no había porque estar presentable para nadie más que para si mismo, y aquel domingo de Octubre no iba a ser menos.

Sonó el teléfono, siempre dejaba que sonara cinco veces y a mitad del sexto tono descolgaba, así se aseguraba de que si esperaban tras el auricular era porque realmente tenían algo que decir; era Sarah, hablaba en tono nervioso, al principio se trabó un poco, hasta la tercera palabra no fue capaz de encadenar una frase coherente.

- No digas ningún nombre.- le advirtió ella mientras trataba de calmarse- Nos vemos donde aquella tarde de Marzo en una hora, no hables con nadie y sobre todo no te retrases, no puedo decir nada más por aquí. Te quiero.

Y mientras el teléfono quedó comunicando su pecho acompasó su ritmo con él. Lo que le puso nervioso fueron las dos últimas palabras que pronunció Sarah. Hacía años que no le decía eso, ni siquiera los últimos meses que estuvieron juntos...

...


Rescatado del baúl de los reencuentros, últimamente ando rebuscando en él y hoy me he encontrado con esto, hace tiempo que lo escribí, si os pica el gusanillo seguiré colgando el resto de las partes, alguno puede que ya lo hubiera leído en el blog antiguo. Y como la cosa va de oscuro, voy a colgar este tema que hacía mucho también que no escuchaba.

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miércoles, septiembre 13, 2006

Spanish History Equis

Jacinta cogió a su madre una mañana y le dijo, “Mama, no quiero ser artista”. Por eso no se fugó a Madrid, con lo puesto, en busca de una oportunidad. No tuvo que trabajar poniendo copas los primeros años y nunca llegó a triunfar sobre un escenario, no ganó millones ni tuvo ningún romance con actores de renombre, ni siquiera fue chica Almodóvar; no coqueteó con las drogas, ni casi murió por sobredosis de tranquilizantes; no participó en ninguna edición de Gran Hermano ni fue nunca a un programa de prensa rosa. Jacinta es literalmente la persona más feliz de España. Ha conseguido su meta en la vida, no ser artista, vive en una casa en el campo, lo más cercano a la civilización que tiene es una aldea de 162 habitantes a 30 kiló￳metros; en ella vive Diego el panadero frustrado, pero eso es otra historia.

Aquí teneis el relato de la suerte escrito, leido por Male gana todo el cuerpo que no tiene, podeis escuchar la grabación en la zona de audio de su blog, Mi vecina Martier.
Hoy vamos a cambiar un poco de tercio musicalmente, estaba entre dos temas de este grupo, y como no supe por cual decidirme, he puesto los dos.


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viernes, junio 30, 2006

Generación perdida

Las cicatrices en la piel a juego con la marca de la ropa, vestido de blanco como un angel sin apego a la vida, si acaso a la bebida, a unas zapatillas adidas. Colgantes de oro bruñido, ceñidos a mil tardes sin sentido, a una cabeza crecida en un parque derruido.

La carrera del tirón, el único deporte que hace latir el corazón del que nunca encontro el Norte, solo buscó el importe, llave de la puerta a las flores de la huerta de la sinrazón. Caladas a pulmon lleno, humo de minutos perdidos, desmotivación con sentido del humor, de no llegar al instituto donde la ilusión por vivir no se ha aprendido.

Un tema de la calle.

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jueves, junio 22, 2006

Paredes

Si miro por mi ventana solo veo sombras que recorren las paredes que tapan el horizonte. Crecen a ritmo del atardecer que inunda las calles, tomando por rehenes mis ojos entre toldos que mece el viento. Él se acerca y me susurra que el dia muere entre montañas, dejandome solo en la penumbra.

Tengo frio, tengo miedo de que mañana no vuelva, y me deje solo para siempre, en una eterna oscuridad insondable donde todos los corazones se vuelvan roca menos el mio; tengo miedo de que no pare de latir con ningún son que seguir, que pierda el ritmo y haga que me vuelva loco, o explote ahogando un llanto que me inunde por dentro.

Creo que la cabeza continua sobre mis hombros, aunque a veces dudo que se haya ido con el sol, dejandome como recuerdo mil imagenes del pasado que tratan de hacerse sitio entre mis ojos, y llevandose consigo las que creé sobre un futuro que esta oscuridad no dejará que vea.

No es fácil vivir en un desierto de paredes, donde el sol no luce ni muere, solo derrama un naranja mortecino sobre todo lo que toca; donde las almas son sordas a un lamento que muere a gritos por la sed de vida, donde el amor no se inventó para no pedir razones a un corazón podrido de latir sin son.

(Rescatado del baúl de los reencuentros)

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